Agenda 2030: once años de avances, una promesa mundial en peligro
El acceso al agua potable se ha ampliado, la electricidad llega a un mayor número de personas y la protección social ha avanzado. Sin embargo, el mundo avanza con demasiada lentitud para cumplir los compromisos de la Agenda 2030. Este 25 de septiembre de 2026, con motivo de su undécimo aniversario, la comunidad internacional se enfrenta a una doble responsabilidad: acelerar las transformaciones previstas e impedir que las crisis echen por tierra los logros alcanzados. El balance de las Naciones Unidas pone de manifiesto la magnitud de esta urgencia, pero también las posibilidades de actuación.
«No estamos a la altura». El informe publicado el 18 de septiembre por ONU Info y difundido en la página web de las Naciones Unidas subraya la brecha entre la ambición de la Agenda 2030 y la trayectoria actual. Las guerras, la deuda y el cambio climático comprometen los esfuerzos emprendidos. En el marco de la 81.ª Asamblea General, esta alerta recuerda a los gobiernos el alcance de los compromisos asumidos en 2015.
No obstante, conviene leer el informe en su totalidad. Se han logrado avances sustanciales, que demuestran que las inversiones y las políticas públicas pueden mejorar las condiciones de vida a gran escala. ¿Por qué estos avances aún no bastan para acercar al mundo a sus objetivos?
Vidas mejoradas, una trayectoria mundial aún insuficiente
Agua, energía y protección social: avances que cuentan
Entre 2015 y 2024, 961 millones de personas más han obtenido acceso a un servicio de agua potable gestionado de forma segura, según la OMS y UNICEF. La cobertura mundial ha pasado del 68 % al 74 %. Disponer de agua en el hogar, cuando se necesita y sin contaminación, ofrece condiciones esenciales para la prevención de enfermedades y reduce las dificultades relacionadas con el abastecimiento diario.
Durante el mismo periodo, el acceso a la electricidad ha pasado del 87 % al 92 % de la población mundial. Este avance amplía las posibilidades de producir y conservar alimentos, así como de mantener en funcionamiento los servicios. No obstante, sus efectos económicos dependen de la continuidad del suministro y de unas tarifas asequibles: una conexión debe permitir un uso efectivo y sostenible.
La protección social también se ha ampliado. Según la Organización Internacional del Trabajo, el 52,4 % de la población mundial se beneficiaba de al menos una prestación de protección social en 2023, frente al 42,8 % en 2015. Cuando las prestaciones son suficientes y regulares, contribuyen a garantizar los ingresos y a limitar la vulnerabilidad ante los contratiempos de la vida.
Estos resultados no se derivan automáticamente de la adopción de los ODS. Son el reflejo de políticas, inversiones y cooperaciones para las que la Agenda 2030 proporciona un marco común. Demuestran, sobre todo, la importancia de una acción sostenida a lo largo del tiempo.
Detrás de las medias, poblaciones que siguen excluidas
El informe de las Naciones Unidas sobre los ODS de 2026 presenta un balance preocupante: de las 139 metas para las que se dispone de datos de tendencia, el 36 % va por buen camino o registra avances moderados, el 49 % avanza demasiado lentamente y el 15 % ha retrocedido con respecto a 2015. La existencia de avances moderados en el primer grupo exige que no se confunda esta proporción con la de las metas ya alcanzadas.
Por lo tanto, la mejora de las medias mundiales no garantiza ni la universalidad de los servicios ni la reducción de todas las brechas. En 2024, 2.100 millones de personas seguían sin tener acceso a un servicio de agua potable gestionado de forma segura. Los países frágiles presentan niveles de cobertura especialmente bajos.
El reto va más allá del ritmo global de avance. También se refiere a su distribución: las poblaciones a las que resulta más difícil llegar corren el riesgo de seguir excluidas, mientras que las inversiones se concentran en los territorios que ya cuentan con mejores equipamientos.
Acelerar los avances sin que se pierdan los logros alcanzados
Las crisis retrasan el desarrollo y destruyen sus logros
Los obstáculos se refuerzan mutuamente. Los conflictos interrumpen las actividades y dañan las infraestructuras. Las crisis climáticas destruyen los medios de subsistencia e imponen gastos de reconstrucción. El servicio de la deuda reduce los márgenes presupuestarios disponibles, mientras que la disminución de la ayuda internacional debilita a los países que disponen de menos recursos. El informe de las Naciones Unidas destaca esta acumulación de presiones.
Así, un territorio puede ver se destinan sus recursos a restablecer lo que ya poseía, en detrimento de nuevas inversiones. Para las poblaciones, esta fragilidad se traduce en ingresos interrumpidos, servicios que se vuelven inciertos y perspectivas pospuestas.
Preservar los logros formará parte integrante de la aceleración del desarrollo. Mantener las infraestructuras, anticiparse a los riesgos y garantizar la continuidad de los servicios evitan que haya que satisfacer de nuevo las mismas necesidades tras cada crisis.
Convertir los ODS en un criterio de decisión
Para la Asociación Mundial para el Desarrollo, este balance invita a examinar el lugar real que ocupan los ODS en las decisiones públicas. Su incorporación a las estrategias debe reflejarse en los presupuestos, las inversiones y los mecanismos de seguimiento.
Tres requisitos deben guiar los años que quedan: financiar las soluciones cuyos resultados estén demostrados, adaptándolas a los contextos; orientar en mayor medida los recursos hacia las poblaciones insuficientemente atendidas; e integrar, desde la fase de concepción de los proyectos, su funcionamiento, su mantenimiento y su resistencia a las crisis.
Esta responsabilidad también recae sobre los socios internacionales. Una financiación previsible y asequible, el acceso a las tecnologías y el refuerzo de las capacidades nacionales condicionan la posibilidad de ampliar los éxitos. La evaluación debe centrarse en los cambios realmente experimentados, su distribución y su duración.
El undécimo aniversario de la Agenda 2030 no puede limitarse a constatar el camino que aún queda por recorrer. Los logros nos dan motivos para actuar; los retrasos hacen que esta acción sea urgente. La promesa de 2015 se juzgará por la capacidad colectiva de extender los avances a quienes aún los esperan y de hacerlos lo suficientemente sólidos como para que perduren.
Morgan CHOKI